Horarios que no bastan por sí solos
Una escena ligada a una franja horaria concreta resuelve la mayor parte del día, pero no todo. Por eso cada escena admite ajustes manuales puntuales: si una tarde se alarga o alguien quiere leer un rato más, el cambio no rompe la programación del resto de la jornada. La idea es que la casa siga un ritmo previsible sin volverse rígida.